Comparto mi experiencia porque la decisión de someterme a una rinoplastia ha sido, sin duda, una de las más dolorosas, traumáticas y costosas de mi vida. Si hubiera leído un testimonio como este antes de operarme, probablemente habría tomado otra decisión.
Hace dos años me sometí a una rinoplastia con el Dr. Christian Klener buscando únicamente una leve mejora estética. Antes de la intervención respiraba correctamente y solo presentaba una ligera hipertrofia de cornetes, sin problemas funcionales importantes. Nunca imaginé que aquella decisión terminaría cambiando mi vida de esta manera.
Tras la cirugía comenzaron los problemas. Durante casi dos años conviví con un resultado que me generó una enorme angustia y afectó profundamente a mi bienestar físico y psicológico. Mi vida pasó a girar en torno a consultas, revisiones, incertidumbre y la búsqueda desesperada de una solución.
Durante todo ese tiempo tuve que desplazarme en numerosas ocasiones desde otra provincia para acudir a las revisiones. Mi experiencia fue que, pese a mi evidente preocupación y descontento, en muchas ocasiones no fui atendida directamente por el cirujano, sino por el personal de enfermería. Me sentí completamente desatendida precisamente cuando más necesitaba respuestas y explicaciones. Tras muchos meses, finalmente se me ofreció una cirugía de revisión. Sin embargo, para entonces había perdido por completo la confianza y decidí que no volvería a poner mi nariz en manos del mismo profesional.
Busqué una segunda opinión y acudí al Dr. Blas García, especialista en rinoplastia secundaria reconstructiva. Tras estudiar mi caso, realizó mi reconstrucción y describió públicamente la situación con las siguientes palabras:
“Reconstrucción nasal con injerto de costilla (rinoseptoplastia secundaria) tras una cirugía anterior, con graves secuelas de sobrerresección y amputación de estructuras. Además condujeron a graves problemas funcionales por hundimiento y colapso del dorso. Le habían extirpado además los cartílagos alares de la punta, donde he tenido que hacer una reconstrucción completa de toda la estructura nasal, creando un nuevo esqueleto nasal…”
Como consecuencia de esa situación, tuve que someterme a una rinoplastia secundaria reconstructiva de máxima complejidad utilizando cartílago de costilla para reconstruir completamente la estructura de mi nariz. El coste de esta segunda intervención fue de 20.000 euros, una cantidad que jamás habría tenido que asumir de no haber necesitado una reconstrucción.
Pero el dinero es solo una parte del problema. Nadie devuelve el tiempo perdido, el sufrimiento psicológico, la ansiedad, el miedo constante a mirarse al espejo, las limitaciones en la respiración, el desgaste emocional ni el tener que volver a pasar por un quirófano para intentar recuperar una estructura nasal que ya no podía sostenerse por sí sola.
Escribo este testimonio para que cualquier persona que esté pensando en operarse investigue a fondo, solicite varias opiniones médicas y lea todas las experiencias disponibles antes de tomar una decisión. Yo misma, después de todo lo ocurrido, encontré otras reseñas públicas de pacientes que describían experiencias negativas. Creo sinceramente que cualquier paciente merece conocer tanto las opiniones favorables como las desfavorables para poder decidir con toda la información posible.
No escribo esto por rencor. Lo escribo porque esta cirugía marcó un antes y un después en mi vida y porque ojalá mi experiencia pueda evitar que otra persona tenga que pasar por el mismo proceso físico, emocional y económico que yo he vivido.
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